El cuento número trece

Cuando una vieja escritora acostumbrada a mentir y una joven librera empeñada en saber la verdad se encuentran, regresan los fantasmas del pasado, los secretos de una familia marcada por el exceso, las cenizas de un incendio memorable y el perfil de un ser extraño que aparece y desaparece tras las cortinas de una mansión.
Entre mentiras, recuerdos e imaginación se teje la vida de la señora Winter, una famosa novelista ya muy entrada en años que pide ayuda a Margaret, una mujer joven y amante de los libros, para contar por fin la historia de su misterioso pasado.
"Cuéntame la verdad", pide Margaret, pero la verdad duele, y solo el día en que Vida Winter muera sabremos qué secretos encerraba El cuento número trece, una historia que nadie se había atrevido a escribir.
Después de cinco años de intenso trabajo, Diane Setterfield ha logrado el aplauso de los lectores y el respeto de los críticos con una primera novela que pronto se convertirá en un clásico.
En las 50 primeras páginas la autora define el sueño de todo lector ávido de libros. Nos presenta a una protaginista seducida por los libros (en este caso de autores muertos todos ellos), que vive en la misma librería en la que trabaja. La manera de describir la libreria y sus estantes hace que te sientas allí y que los veas con tus propios ojos y a partir de allí ya no puedes dejar de leer, letra a letra, palabra a palabra hasta la palabra Fin. Muy bien construida va alternando los pensamientos de la protagonista con la historia que le cuenta la escritora. Innumerables referencias a grandes clásicos de la literatura salpican entre historia e historia las páginas del libro con especial predilección por "Jane Eyre"
Al final hasta me ha sabido a poco la historia aunque la explicación del cuento que da nombre al libro me ha parecido lo peor de él. Muy, muy recomendable.
Las palabras tienen algo especial. En manos expertas, manipuladas con destreza, nos convierten en sus prisioneros. Se enredan en nuestros brazos como tela de araña y en cuanto estamos tan embelesados que no podemos movernos, nos perforan la piel, se infiltran en la sangre, adormecen el pensamiento. Y ya dentro de nosotros ejercen su magia. (pág. 19)
La gente desaparece cuando muere. La voz, la risa, el calor de su aliento, la carne y finalmente sus huesos. Todo recuerdo vivo de ella termina. Es algo terrible y natural al mismo tiempo. Sin embargo, hay individuos que se salvan de esa aniquilación, pues siguen existiendo en los libros que escribieron. Podemos volver a descubrirlos. Su humor, el tono de su voz, su estado de ánimo. A través de la palabra escrita pueden enojarte o alegrarte. Pueden consolarte, pueden desconcentrarte, pueden cambiarte. Y todo eso pese a estar muertos. Como moscas en ámbar, como cadáveres congelados en el hielo, eso que según las leyes d ela naturaleza debería desaparecer se conserva por el milagro de la tinta sobre el papel. Es una suerte de magia. (pág. 29)
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Autor: Belisker
Gracias por la recensión.
Pasa un estupendo día.
Besos,
Fecha: 16/04/2008 09:18.
Autor: acróbatas
Besitos
Vanessa
Fecha: 16/04/2008 10:45.
Autor: Tempodelecer
Fecha: 16/04/2008 20:16.
Autor: Anónimo
Bohemia
Fecha: 23/04/2008 02:26.
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Autor: Lludria
Fecha: 01/05/2008 09:48.

