
Nunca leo sin antes estar segura de que me hallo en una posición estable. Conservo esta costumbre desde que tenía siete años, cuando, sentada sobre un muro alto leyendo Los niños del agua, tan cautivada me tenía la descripción de la vida submarina que inconscientemente relajé los músuclos. En lugar de flotar en el agua que con tanta nitidez me rodeaba en mi imaginación, caí de bruces al suelo y perdí el conocimiento. Todavía se me nota la cicatriz debajo del flequillo. Leer puede ser peligroso.(pág. 14)
Texto: El cuento número trece, Diane Setterfield
Foto: DiegoBE
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Autor: Anónimo
Bss
Bohemia
Fecha: 05/04/2008 03:10.
Autor: Maggy
Saludos
Fecha: 11/04/2008 11:18.

