
Si alguien estuviese contemplándola por un agujerito, pensaría que está dormida. El cuerpo apenas se mueve. Únicamente el sube y baja de la respiración denuncia al animal que reposa tranquilo, a la espera, tal vez al acecho. Un hermoso animal, eso vería quien observase la escena, pues incluso ahora que los pesares de la vida han dibujado surcos profundos en su rostro, esos surcos no hacen más que prolongar el poder de la mirada hacia arriba, hacia los lados. No duerme. Las moscas recorren sus dedos, se posan en la nariz, zumban al catar la humedad templada de los labios y le hacen dar manotazos al aire, resoplar, pero no consiguen apartarla del estado de profunda concentración en que se halla. El ceño fruncido, la mirada fija, los miembros sosegados, se diría un animal tranquilo y suave, gata junto a la chimenea, cachorro o tortuga, ¡qué más da!, a no ser esa boca que no para de deletrear, como si estuviese pronunciando una plegaria. Está leyendo.
Texto: Hierba Mora, Teresa Moure (pág. 115)
Foto: Zarzalamora
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Autor: Maggy
Bonito texto, aumentan mis ganas de leerlo.
Un beso
Fecha: 08/08/2007 18:58.
Autor: Tempodelecer
Un beso
Fecha: 08/08/2007 19:48.

